En la vida, sólo una cosa es cierta, aparte de la muerte y los impuestos. No importa cúan duro intentes, no importa cuán buenas sean tus intenciones, vas a cometer errores. Vas a lastimar a la gente, e incluso a vos mismo. Pero, como a todo, hay una salida, un proceso que nos ayudará a reponernos y a seguir adelante: perdonar y olvidar.
Perdonar y olvidar. Es todo lo que podemos hacer. Es lo que Ellos dicen, un buen consejo. Aunque un consejo no muy práctico. Cuando alguien nos lastima, nosotros demostramos que también podemos hacerlo, y aún con mayor intensidad. Cuando alguien se equivoca, queremos demostrarles que podemos no hacerlo. Sin perdón, las viejas cuentas no saldadas, no terminan de saldarse, las viejas heridas no se curan, y lo mejor que podemos esperar, es que un día seamos lo suficientemente afortunados de saber perdonar.
La dificultad de todo esto, radica en saber reconocer quién merece verdaderamente nuestro perdón, y quién no. En saber a quién queremos, y podemos, olvidar, y a quién no.
Hay cosas que se pueden olvidar, y otras que no. Cosas que se pueden perdonar, cosas que no. Es mejor no forzar nuestros sentimientos, no imponerle a nuestro corazón qué sentir ni a nuestro cuerpo cómo sentir. Sólo dejémoslo pasar.

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